Un soldado alemán

Nombre completo: Maximilian Shager

País: Alemania

Le conocí en el Tour de las minas. Juntos fuimos a Sucre. Allí nos embarcamos en una excursión a lo desconocido en búsqueda de las siete cascadas. Este ex-soldado alemán tenía una resaca criminal y prácticamente se puede decir que tuve que acabar llevando a hombros a las exequias de este noble caballero de la Épica. Un sabio dijo que el mejor soldado siempre había sido el alemán,y este lo demostró: cuatro horas de pateo escrupuloso a pleno sol, con una resaca criminal.

La ampolla records

BSO: Mi rumbita pa tus pies, de Melendi.

Este es un post que tenía que haber salido a la luz hace ya algún mes, pero la efervescencia creativa de los autores de este blog no lo había permitido hasta la fecha.

Alguno ya preguntó cual era el significado de una secuencia de fotos del picasa sobre un pie en primer plano. Pues bien, hoy vamos a ponerle luz al asunto.

Estabámos todavía por las maravillosas playas de Brasil, en compañía de Humbertinho y de Bet, a los cuales aprovecho para saludar, cuando decidimos darnos una caminata seria para llegar a un paraje recóndito, bañado por un azul turquesa maravilloso. En aquella época todavía osaba caminar con mis chanclas y el producto de la combinación caminata y chanclas fue una ampolla de un calibre desmesurado, a la que bautizamos como la Ampolla Records.

Auto-operación de urgencia con hilo rojo.

La primera medida que decidimos tomar con el hijo que me estaba creciendo entre los dedos de los pies fue operarla. Así que en la tranquilidad de la noche, desinfecté una aguja de coser a base de mechero y yo mismo me di dos puntadas atravesando la ampolla, con la finalidad de que drenara el líquido. Por lo visto es una técnica comunmente usada por excusionistas expertos. Como se aprecia en la foto, la operación fue todo un éxito y el color elegido fue el rojo patrio.

Aunque parezca un chicle pegao, es una ampollaca...

El hilo hizo la función y alivió de líquidos la zona, sin embargo la peor parte estaba por llegar y me empezó a crecer una especie de chicle, esta vez seco, mucho más aparatoso que otra cosa, pues ni se notaba ni dolía ya que estaba formado por piel muerta.

Y al final explotó!

Con el transcurso de los días, y sobretodo teniendo en cuenta que en aquellos tiempos íbamos todo el día de playa en playa, el chicle fue reblandeciendo hasta que la piel muerta dijo basta y explotó, dejando al descubierto mi nueva dermis, totalmente recuperada, pero con una imagen bastante asquerosa.

Y la piel nueva brotó bajo la ampolla en un pie verdaderamente sucio.

Y poco a poco, y a base de higiene y de curas diarias como se aprecia en la imagen, la herida fue remitiendo y ahora mismo puedo decir orgulloso que ya llevo un tiempo recuperado.

Bien, como veis esto de viajar también te trae sorpresas… nunca pensé que tendría un hijo por el pie ni que sería capaz de operarme a mi mismo.

Como veis, una batalla más superada, en el Nombre de la Épica.

La muerte en vida

BSO: Necesito respirar, de Medina Azahara.

Después de visitar el Salar de Uyuni, me desplacé hasta la famosa, por lo menos por el nombre, Potosí.

Potosí, sobre el año 1600 de nuestros días, era la ciudad más grande del mundo, por delante de Londres, París o Nueva York, además de ser con mucha diferencia la ciudad más rica del mundo.

Toda esa riqueza provenía de un único foco: las minas de plata de Cerro Rico, al lado de la ciudad. Valgan como muestra dos anécdotas de esas que uno no sabe si son verdad o mentira pero que sirven para hacernos una idea sobre lo que estamos hablando. Se dice que con toda la plata que se extrajo de Potosí desde 1550 hasta 1650 se hubiera podido tender un puente entre Sudamérica y España. El descubridor de semejante fortuna fue un pastor, que acampó en el cerro y prendió una gran fogata. Según narran por aquí, se dice que los chorretones de plata se derretían literalmente bajo el fuego.

Una muestra de la situación de la ciudad: una gasolinera sin surtidores.

Pues bien, como os podeis imaginar de toda esa riqueza no queda absolutamente nada. Una vez acabada la plata, olvido y decadencia para Potosí. Hoy en día, Potosí es la ciudad más pobre del país más pobre de Sudamérica. Valgan estos datos para que hagamos una reflexión sobre lo efímero de la riqueza y hasta que punto situaciones que parecen establecidas para siempre, pueden llegar a cambiar.

A parte de presenciar la decrepitud de la ciudad, lo más interesante que hice fue la visita a la mina, que sigue abierta desde que hace ya bastantes siglos los españoles la abandonamos porque no quedaba más que miseria y compañía.

Los métodos de trabajo y de extracción de minerales poco o nada han evolucionado desde entonces. Junto con un grupo de otros ocho blanquitos contratamos una barata excursión que nos llevaría al corazón de la minería y de la miseria de la región.

Entrada a la mina.

La actividad comenzó como una divertida fiesta de disfraces, en la que los nueve sonrientes europeos nos preguntábamos para qué debíamos vestirnos con un incómodo mono amarillo, unas botas de agua y un casco.

Disfrazado, junto con un alto australiano que habíamos conocido tres meses atrás en la Chapada Diamantina, y que la Épica volvió a poner frente a mi.

Poco después, las bromas acababan. La entrada a la mina hacía presagiar que nuestra excursión iba a ser mucho más que un simple paseo guiado. Íbamos a meternos en una mina de verdad, donde se estaba trabajando en patéticas condiciones, con unos niveles de seguridad mínimos.

Alguno de los tramos más angostos.

Los túneles por los que pasábamos eran angostos y encharcados. La mayoría del tiempo había que ir encogido y cada pocos minutos había que apartarse contra la pared, pues una vagoneta pasaba a escasos centímetros de nuestros pies. El calor era sofocante, los golpetazos de casco contra el techo eran constantes, el olor insoportable, el polvo muchas veces te impedía ver y respirar, todo esto a casi 4.500 metros sobre el nivel del mar, donde el oxígeno escasea de verdad y cualquier actividad física se convierte en muchísimo más exigente.

... sin palabras ...
...

Y allí estábamos nosotros, como necios espectadores, de la muerte en vida de aquellas personas. Aquellos mineros, solamente equipados con un casco y muchas hojas de coca estaban sepultando sus vidas ante nuestra presencia. Y digo sepultando, tanto en el sentido estricto de la palabra, puesto que los accidentes eran pan de cada día; como en un sentido más figurado, puesto que la vida media de aquellas personas eran unos cuarenta años.

Fotografiando la miseria.

Además, supongo que para aliviar el propio sufrimiento, se envenenaban con alcohol de 98º, que absurdamente estaba etiquetado como potable. Las escenas que presenciamos eran dantescas y quizás lo más patético de todo éramos nosotros mismos que habíamos pagado por ser partícipes de una de las miserias humanas más grandes jamás conocida. Estabamos viendo morir en vida a aquella gente que se martirizaba por escasos siete euros por una dura jornada de diez horas sin ver el sol.

La mirada, perdida.
Esfuerzo extremo.

Nadie que haya entrado en ese agujero alguna vez, desearía volver a hacerlo. Pero, por desgracia, hay gente que tiene que hacerlo un día tras otro hasta que la muerte ponga fin a esa infame rutina. Pero de esa misma manera, considero recomendable que todos, almenos una vez en la vida, veamos algo así con nuestros propios ojos. Quizás así nos demos cuenta de cuán afortunados somos.

¡Que la Épica guíe a esos mineros, para que puedan ver la luz al final del túnel!

Impresionado de la vida.

Esta vez he puesto muchas menos fotos de las que me hubiera gustado, os invito a que veais la magnitud de estos hechos en la galería entera.

Sueños de sal

BSO: Nubes de pegatina, de Los Delinqüentes.

Mis primeros pasos por Bolivia, traslado desde la frontera argentina aparte, los di en la localidad de Uyuni, famosa por dar nombre al mayor salar del mundo.

Junto con un par de argentinas, contratamos el típico tour por el Salar, la única manera de visitarlo si no tienes un vehículo propio. El Salar, como su nombre indica es simplemente eso: sal y más sal. Mide aproximadamente unos 180 kilómetros de largo por 80 de ancho y visitarlo se convierte en otra experiencia extrasensorial.

Antes de visitar el salar fuimos a un curioso cementerio de trenes.

El salar es una superficie completamente llana, a más de 4000 metros de altura, donde de día el sol pega fuerte y de noche llegamos incluso a los 15 grados bajo cero. Cuesta expresar con palabras las sensaciones que allí se viven, ya que es algo tan diferente a cualquier cosa conocida que incluso asusta. Asusta el pensar qué pasaría si te quedaras sin vehículo en aquella inmensidad. Asusta pensar lo pequeño que eres en un mundo tan grande. Asusta mirar al horizonte y ver solo blanco, mirando a cualquiera de los 360 ángulos que te rodean.

No hay que ser un gran fotógrafo para hacer fotos buenas en este lugar.

Da un poco la sensación de estar caminando por las nubes, especialmente cuando llegas a una de las pocas islas de tierra dentro de todo ese mar de sal. En la isla, centenarios cactus adornan el paisaje, pero lo que más emboba son las vistas. Es un lugar donde todo el mundo se queda en silencio, contemplando simplemente la immensidad de lo blanco, que en ocasiones se mezcla con el cielo y no sabe uno donde pintar la línea del horizonte.

Una de las habilidades que estoy desarrollando es la de aprender a volar.

Y ¿a qué se dedican los turistas occidentales en semejante paraje? Pues todos hacemos exactamente lo mismo: fotos graciosas jugando con la perspectiva del lugar.

Siempre bien acompañado, casi consigo meter a seis mujeres en la funda de una cámara.
Pero al final decidí que me las podía llevar en la mano.

Una de mis frases de poeta trasnochado que uso con más frecuencia se refiere al Material del que están hechos los sueños. Quizás estén hechos de sal.

Soñando en sal.

***

Viendo que en el anterior post nadie me hizo caso al respecto de lo de la Banda Sonora, he decidido unilateralmente, y hasta que me canse de hacerlo, incluir una canción al principio de cada post.

Por otro lado, teneis más fotos y videos en los lugares habituales.

Dani y Nadia

Nombre completo: Nadia Campise y Daniela Collana

País: Argentina

Me encontré a este par de Cordobesas (o mejor dicho, Carlospaceñas, que sino se me enfadan) nada más entrar a Bolivia. Juntos compartimos tres días, visita al Salar de Uyuni incluída. Lo más sorprendente de este par de profesoras de educación física era sin duda su absoluta preparación ante cualquier situación. En su equipaje, no tan abultado, había absolutamente de todo: un gusto viajar con ellas. Además, son excelentes artesanas y me obsequiaron con una pulsera que decora mi muñeca derecha. ¡Bienvenidas a los Amigos de la Épica!