En Francia es mejor

Nombres completos: Alix Flotat y Ane Sophie Seattel

País: Francia

Coincidí con ellos en Tucumán y juntos emprendimos viaje hacia Cafayate, en un cochecillo alquilado. Este viaje me está ayudando a desmitificar al enemigo del norte, pues esta pareja de gabachos eran bien majos. Siempre dispuestos a afirmar sin pudor que en Francia están los mejores vinos, quesos, panes… en definitiva, lo mejor de todo siempre: en Francia es mejor. A pesar de lo malvado de su orígen y de su connivencia hacia los volcados de fresas, merecen por su simpatía entrar en este album de cromos de hombres Épicos.

Estitxu

Nombre completo: Estíbaliz Rodríguez

País: Barakaldo, Euskadi

Nos encontramos en el hostel de Buenos Aires y compartimos menos horas de las que a los dos nos hubiera gustado. En seguida y sin saber muy bien porqué, nos contamos nuestras cositas y nos fuimos a tomar unas cervezotas por ahí. Y como no, intentamos resolver el verdadero conflicto vasco, para el que la ciencia todavía no tiene explicación. Ojalá sus sueños se cumplan y la Épica la guíe otra vez hacia estas benditas tierras.

El peso del metal

La banda sonora de este post la va a poner el tema Poderoso Caballero es Don Dinero, del excelente grupo Il Putto Musicante.  

Vamos hoy a explorar otro de los muchos grandes misterios que tiene la Argentina: los problemas con el dinero. Como todos sabeis, la economía es uno de los grandes problemas de este país, pero esta vez no me voy a referir a términos macroeconómicos, sino simplemente a lo que llevan en sus bolsillos los argentinos… las monedas y los billetes. Y es que ambos temas son problema casi de estado.  

Las monedas, que van desde cinco centavos de peso (0.01 euros) hasta un peso (0.20 euros), en apariencia no deberían tener mucho poder, debido a su poco valor monetario, pero la realidad es muy diferente. Para subir a un autobús (o colectivo, o micro, o bondi, como les llaman por aquí) es necesario y obligatorio efectuar el pago con las dichosas moneditas, ya que para que salga el billete tienes que meterlas en una maquinita. Ahí radica toda la importancia de las monedas, ya que sin ellas, no puedes ir a parte ninguna. A la tocada de huevos propia de tener que estar pendiente de llevar moneditas encima, se le suma otro problema vital: la escasez de monedas.  

Vieja táctica para recopilar tesoritos.

Y es que, increíble pero cierto, las monedas escasean; prácticamente no hay, cuesta horrores conseguirlas y es un verdadero quebradero de cabeza para los comerciantes. Para el ciudadano de a pie esto se traduce en que todos parecemos abuelitas guardando las monedas como pequeños tesoros puesto que son escasas e imprescindibles para la vida. 

La circunstancia es tan peliaguda que incluso se llegan a comprar monedas por un precio más alto al de su valor real. Me comentaba un amigo que tiene un supermercado en Córdoba que en la actualidad se pagaban los 100 pesos en monedas a 105 pesos en billetes, pero que había habido épocas en que la escasez era tal que se llegaron a pagar hasta 130 pesos por 100 en monedas, incumpliendo aquello del ¿qué pesa más un kilo de papel o un kilo de metal? En este caso, se impone el peso del metal. 

Otra táctica muy avanzada para la recolección.

Pero el hambre agudiza el ingenio y en esto los chinos siempre han sido de los mejores. Un eterno cartel figura en cualquier tienda de chinos: No hay monedas. Y te lo puedes creer, un chino no suelta una moneda ni que le maten como a un chino. Y para ello han inventado una técnica avanzadísima que es devolverte el cambio en caramelos en vez de en monedas; cosa que incumple a todas luces la ley contravencional, pero eso ya es otro tema. Los chinos, ingeniosos como pocos, han sido capaces de encontrar la solución a todos los males y encima salir ganando, ya que controlan todo el tráfico de monedas y no solo se quedan con el dinero de todos los cambios sino que además después revenden más caras las monedas al resto de comerciantes honrados no carameleros. Un verdadero trabajo de chinos, además de un negocio con pingües beneficios. Y todo esto añadido a la gran verdad de que las tiendas de chinos no pagan impuestos, ni en Argentina, ni en España ni en parte ninguna, pero eso también es otro tema. 

"Sus monedas no me molestan", la vieja táctica del mensaje amable.

Y si por esto fuera poco, la problemática no acaba en las unidades monetarias más pequeñas, pues los billetes grandes tienen una retahíla de inconvenientes que paso a relatar. Los cajeros (además de robarte quince pesos cada vez que sacas dinero, con un límite de 800) solamente sueltan el billete más grande, 100 pesazos, unos 20 euros. Pues bien, esos billetes en cualquier comercio son recibidos de la misma manera que si en España pagaras con uno de 500 euros. Nunca jamás, pase lo que pase, ninguna tienda tiene nunca cambio para remejante fortuna (!).  Así que a los que sacamos nuestra plata de los cajeros no nos queda otra que hacer malabares cada vez que queremos pagar. La técnica más efectiva que he desarrollado al respecto es la siguiente: entrar a un bar, pedir una cerveza, darle un trago largo y una vez dado, poner el billete encima del mostrador. El diálogo posterior es siempre idéntico: No tengo cambio, pues yo no tengo más pequeño asi que…, espera que busco cambio, gracias, toma tu cambio, gracias

Mensaje tan expeditivo como práctico.

En fin, señores, que si visitan la Argentina tengan presente que aquí lo importante no es solo tener dinero, sino tenerlo de la manera adecuada. Poderoso caballero es don dinero.

Pancitos rellenos, calentitos!

Nombre completo: Leslie Adamini

País: Argentina

– Pancitos calientes, calentitos! – gritaba a la salida de un concierto. Así nos conocimos y así nos volvimos a encontrar en varias ocasiones. Y así de Épicamente nos hicimos amigos. A partir de ahí me dejé contagiar por toda su espiritualidad. Aquella vendedora de panes rellenos resultó ser un encanto de personita con la que daba gusto compartir las horas. Por el peculiar inicio, pero sobretodo por los buenos momentos y por el libro que tenemos pendiente empezar juntos a leer, se ha ganado un puesto en la lista de indiscutibles de este viaje.

Hasta la victoria siempre

Después de dejar atrás Buenos Aires y siempre guiado por la Épica, mi viaje continúa por la vasta llanura argentina. Hice una parada en Rosario y a la hora de escribir estas líneas me encuentro en Córdoba, la segunda y la tercera ciudad de Argentina en habitantes.

Rosario es la cuna del patriotismo argentino y del ilustre personaje que hoy nos ocupa, que no es otro que Ernesto el Che Guevara. El Che, de siempre, ha sido un personaje que me ha llamado mucho la atención: para mí tiene un aura que le rodea y le hace ser un personaje, casi de ficción, del que siempre me ha gustado saber más. Y en cierta manera quizás haya guiado los designios de este viaje.

Ernesto, el Che Guevara. Una imagen revolucionaria, convertida en un símbolo del marketing globalizado del siglo XXI.

Me fascinan sus episodios viajeros, el primero de ellos en bicicleta cruzando toda la parte norte de Argentina y los otros dos surcando Sudamérica en moto. Toda una proeza hoy en día, casi un milagro hace 60 años. Espíritu aventurero llevado al grado máximo, que tornó prácticamente en demencia revolucionaria, dispuesto a renunciar a lo más sagrado, su propia vida, por la libertad, a costa de lo que fuera, de tierras que jamás había siquiera pisado. En fin, todo un personaje que no se porqué razón me encandila, quizás porque, a su manera, era un hombre que también se dejaba guiar por la fuerza más poderosa del universo: la Épica.

Y más de 40 años después de su muerte, aquí me encuentro yo, de alguna forma, dejándome influir por sus pasos: aunque solo sea por los deseos compartidos de conocer este continente de punta a punta y por esa gorra verde que me acompaña desde que la compré en el Malecón de La Habana, Cuba.

La moto del Che y yo con mi gorra verde.

Así que allí estuve, frente a su casa natal en Rosario, ciudad que no sabe aprovechar turísticamente su figura de ninguna manera. Rosario dedica todos sus esfuerzos a rendir homenaje al general Belgrano, que tuvo el acierto de crear la bandera argentina cerca de la ciudad. Muestra de ello es el monumento más importante de la ciudad, a mi modo de ver, un alarde de patriotismo un tanto forzado y caduco.

Parte del monumento a la Bandera, en Rosario.

Tras dos jornadas en la ciudad más grande de la provincia de Santa Fe, me dirigí hacia Córdoba, dónde me esperaban unas viejas conocidas: las Cordobesas Bomba con las que coincidimos en Morro de Sao Paulo, casi tres meses atrás.

En mi visita a Córdoba, tras los pasos del Che, visité Alta Gracia, su ciudad de juventud, donde hay una casa museo bastante interesante, con información de toda su trayectoria. Decoran además la pequeña ciudad unas estancias jesuíticas, bastante sobrevaloradas, puesto que son consideradas Patrimonio de la Humanidad, a mi modo de ver injustamente.

Habrá que investigar los criterios de la UNESCO para conceder Patrimonios de la Humanidad.

Y ya más en el plano más cotidiano, me dediqué a salir mucho de fiesta, siempre demasiado bien rodeado de bellas mujeres. En primer lugar Tana y Ana hicieron de perfectas anfitrionas y embajadoras de Couch Surfing (sin banderita) y posteriormente con Romina, Nati y Rosi, siempre escoltadas por su comando de amigas, con mención especial para Chenchu y Lau; con ellas salimos de juerga sin reservas y como viene siendo habitual hicimos otro asado de la Épica, esta vez con un invitado muy especial, Ignacio Casasnovas, de cuerpo presente.

Encantado de la vida.

La jornada dominical ejercimos el dominguerismo más usual. Nos fuimos a la preciosa sierra de Córdoba, a unos bellos pueblecitos de fuerte tradición europea, donde nos dejamos maravillar por el paisaje y sobretodo hablamos de cosas de chicas: de zapatos, de hombres, de ropa, otra vez de hombres, de pastas de dientes, pero siempre volvíamos al tema que más nos gustaba, los hombres. Han sido cinco días tan rodeado de chicas que hasta he llegado a replantearme mi sexualidad y reconozco que me quedé mirando un escaparate lleno de zapatos y botas. Todos tenemos nuestras debilidades.

Un poco de soledad para descansar de las conversaciones de hembras.

Y tras esta etapa de dudas existenciales, ahora me encuentro tecleando el final de este texto, con una sonrisa en la cara por lo bien que me lo he pasado aquí. Pero miro adelante y otra vez contagiado por el espíritu del Che, siguiendo los pasos de su primer viaje, mañana mismo tomo rumbo hacia el norte.

¡Vámonos pal norte, vamonos!

¿Hasta donde seguiré coincidiendo con el revolucionario?… tras visitar revolucionariamente Cuba, tras estar en su casa natal, en su casa de juventud, tras imitarle en su viaje, ¿me tocará irme al Congo?, ¿me tocará hacerme amigo de Fidel Castro?, ¿me casaré con una peruana?, ¿deberé morir fusilado en Bolivia?…

Épica mediante, Hasta la victoria siempre, compañeros.

Ernesto, vete tirando, que te sigo.