Hace ya unos cuantos posts, invitamos a los lectores de este blog a participar aún más activamente en él. Mi señor padre, ha decidido compartir con todos nosotros su excelente prosa. Librado Casero, natural obviamente de Malpartida de Corneja, provincia Ávila, es un consumado viajero por el mundo, no en vano se ha paseado por la mayoría de los rincones del globo. Sin embargo, siempre se deja sorprender por las maravillas que le ofrece su Castilla natal. Hoy nos hablará sobre las Hoces del Duratón. Su relato dice así:
Encuentros en la quinta fase
Si hubiera que clasificar este blog en un género literario seguramente sería el Realismo Épico, sin embargo la historia de hoy raya en lo paranormal, más propio del género fantástico.
Y no porque nuestra protagonista de hoy sea fantástica, que también, sino por las oscuras coincidencias que envuelven su caso. Muchas veces os hemos hablado de ella, incluso le hemos dedicado odas bíblicas, como no podía ser de otra manera, hablamos de Miriam, la rubia suiza.

Repasemos un poco de historia: la conocimos hace más de dos meses en Itacaré, cerca de Salvador de Bahía. A los días nos volvimos a ver en Ipanema, en Río de Janeiro. Una semana después, paseábamos por Ilha Grande y vimos a Miriam comiéndose unos caros espaguetis. De ahí fuimos juntos a Paraty, no demasiado lejos para las distancias brasileñas. Varias semanas más tarde, una playa de Floripa fue escenario de otro reencuentro.

Allí nos despedimos definitivamente, ya que ella ponía rumbo a Bolivia y nosotros a la Argentina… nos volvemos a ver en Europa, dijimos. Pero la Épica nos tenía otra sorpresa preparada.


Me encontraba tranquilamente jugando mi partida de ping pong diaria en el hostel y aparece la rubia suiza, en lo que fue nuestro -hasta la fecha- quinto reencuentro, esta vez en Buenos Aires.

Realmente estoy impresionado con este suceso, de difícil explicación científica. Quizás sea la tecnología suiza que es muy avanzada, quizás sea que Miriam, como nosotros, solamente camina por los senderos de la epicidad o quizás sea simplemente lo que algunos desinformados llaman suerte. Pero cualquier hombre Épico sabe que la suerte no existe, sino que se trabaja duro para encontrarla.
Sudamérica, tan grande y tan pequeña a la vez… Increíble pero cierto. Nos vemos en cualquier otra parte, en el encuentro en la sexta fase.
Una de polis y cacos
Todo apuntaba a una tranquila noche de sábado. Había quedado con Carla, con Mariana y con algunos amigos suyos para comernos un auténtico asado argentino y para ir a pasear nuestros cuerpos por la noche porteña. Pero Buenos Aires, la ciudad del todo puede pasar, nos deparaba una sorpresa.
Un motorista (un pizzero o delivery man como le llaman aquí) sin casco se saltó un semáforo y se dio de pleno con el coche de Mariana. El paragolpes salió muy mal parado, pero indudablemente la peor parte se la llevó el tobillo del repartidor.

Ante la situación, las chicas decidieron llamarme en vistas de que aquello iba para largo. Rápido como el rayo, aparecí en la escena del atropello, donde ya se había personado la policía y en pocos minutos llegó la ambulancia.
Vistazo rápido a la situación y ¡oh sorpresa! los policías estaban deteniendo a Marina… ¡Está usted detenida! Todo esto se desarrollaba en un ambiente de buena onda y camaradería con los agentes. Digamos que no había rastro del poli malo. Ellos afirmaban que solamente cumplían con el protocolo y nuestras curiosas mentes solamente se cuestionaban si el procedimiento era el más indicado.

Rellenaron y firmaron centenares de papeles y todavía no se muy bien porqué me hicieron firmar numerosos documentos como testigo. Ante mi estupor, no solamente Mariana estaba detenida, sino que también su coche quedaba secuestrado en la comisaría, con el agravante de que había que llevarlo hasta dependencias policiales, pero Mariana no podía conducir, ya que estaba oficialmente detenida.
En fin, que me tocó conducir el coche hasta la comisaría siguiendo al coche policial donde, con cara apenada, Mariana estaba a punto de dar con sus huesos en prisión.
La comisaría, la décima de la ciudad de Buenos Aires, cumplía con todo el imaginario que uno pueda tener sobre un centro policial de la Argentina. Policías obesos en torno a una mesa degustando mate, el techo descascarillado, ordenadores fabricados antes de que se inventara el control z, que funcionaban incluso con las reliquias esas que antes llamábamos disketes, una virgen presidiendo la estancia, una vieja máquina de café aguado, incluso el típico perro gordo que se paseaba a sus anchas por toda la comisaría sin que nadie le hiciera mucho caso. La luz estaba baja y de vez en cuando los florescentes parpadeaban. La banda sonora de esta película de polis y cacos la ponía una joven agente de policía aporreando las maltrechas teclas de un viejo teclado.

Y para redondear la escena -cabe recordar que no habíamos cenado- fuimos a buscar unas empanadas y tras arduas negociaciones con la cúpula policial, se las llevaron a nuestra amiga detenida. Obviamente, la relación entre comisarías y comidas grasientas no es patrimonio exclusivo del estado español. Todo muy, demasiado costumbrista como para ser real.

Pero era real… Mariana estaba detenida por haber atropellado a un motorista que se había saltado un semáforo y nosotros nos encontrábamos esperando a que el nonagésimo informe estuviera listo para podernos marchar. Y ya se sabe, que las cosas de palacio, van despacio. Pero también se sabe que un pequeño empujoncito ayuda al movimiento. Así que, tras una oportuna llamada a la prima del hermano de alguien que seguramente sería un policía reputado, soltaron a nuestra Mariana y nos pudimos ir a Palermo de fiesta un rato.
En definitiva, cinco horas perdidas, el coche secuestrado una semana… y todo esto solamente por no hacer nada. Así que no quieras hacer algo grave en este país. Para protocolos policiales burocratizados al máximo, visite la Argentina!

El verano pasado, en 25 días de viaje por la Europa del Este, me tocó visitar seis comisarías. Ahora ya iba tocando… levaba tres meses sin pisar ninguna. Un famoso viajero dijo que no conoces un país hasta que conoces sus entresijos policiales. Quizás tenía razón.
Esta es la Épica de Buenos Aires
Hace ya más de una semana que celebramos la Fiesta de la Épica – Edición Argentina. Los sectores de presión de este blog -con razón- nos reclaman por activa y por pasiva el resumen detallado de la jornada. Ahí va.
La cita era a las 19 horas pero nuestros invitados, como buenos Porteños, se hicieron esperar. Sufrimos un poco, llegamos incluso a tener dudas de si nuestra fiesta acabaría convertida en una reunión entre tres gallegos (Chago, Casas y yo) perdidos en Buenos Aires.
Sin embargo y como arte de magia, fue llegar la primera persona y los amigos de la Épica empezaron a congregarse. La jornada comenzó tranquila, cervezas, charlas y presentaciones…

La concurrencia llegó a la cantidad nada desdeñable de 25 personas, entre gente que habíamos encontrado en Brasil, los Porteños recién conocidos y los amigos en general de todos ellos. Teníamos todos los alicientes para que, una vez más, la Fiesta de la Épica saliera a pedir de boca: un lugar y la mejor compañía.
Las lonchas de jamón recién llegadas de España ayudaron a apretar los lazos hispano-argentinos y fue consumido afanosamente por los asistentes, pues no duró ni tres minutos. Obviamente, los añorados estómagos de los españoles fueron los que más cuenta dieron del preciado manjar.


A partir de ahí, Carolina Wajnerman se hizo con el comando de operaciones. Armada con su guitarra, amenizó la fiesta durante horas haciendo bailar frenéticamente al respetable. Carolina sublime a la voz y a la guitarra fue muy bien secundada por su hermano, que nos deleitó con lo mejor del reagge-ska del panorama bonaerense. Mariana Puig, con su excelente voz, hizo puntuales apariciones que elevaron el nivel musical de la Fiesta de la Épica hasta cotas insospechadas.


Con semejante elenco artístico, se alcanzaron los grandes momentos de éxtasis de la fiesta. Toda la concurrencia dejandose llevar por los ritmos que nuestros artistas les proponían, haciendo que el nombre de la fiesta no fuera en valde, ya que sin duda fue una fiesta Épica.
El momento de mayor emoción, almenos para este humilde picateclas, fue cuando Carolina se improvisó, usando «Rambla Paquí, Rambla Pallá, esta es la Rumba de Barcelona» (de ahí el título del post, que se tiene que explicar todo, coñe!) de Manu Chao como base, la historia de nuestro encuentro en Brasil y el desenlace en Buenos Aires. Sinceramente es algo inexplicable con carácteres alfanuméricos, así que me quedo con ese inolvidable recuerdo como souvenir de lo que fue para nosotros la culminación de la primera parte del viaje.
A altas horas, la gente empezó a abandonar escalonadamente el local y se fueron quedando los mejores. Los últimos supervivientes: Casasnovas, Mariana Puig, Carla Guerra y yo fuimos a comernos un increíble bikini (o mixto o tostado o como sea que ustedes le llamen) poniendo el broche de oro a una jornada soñada.

Fue y será inolvidable para nosotros lo que durante esas horas ocurrió. Era la puesta en escena de nuestro éxito en Brasil y la mejor bienvenida a las etapas que iniciábamos a partir de ese momento: Casas en Barcelona y un servidor en Argentina.
Solamente nos queda dar las gracias a todos los que con su presencia conviertieron una vez más la Fiesta de la Épica en un evento inigualable.

Pronto, en cualquier lugar, sin necesidad de celebrar nada, se realizará otra Fiesta de la Épica. Seréis puntualmente informados desde esta publicación.
Señores, fue un placer conocerles. Pero más grande será aún el placer de seguir conociéndoles. Nos volveremos a ver, en Buenos Aires, en Barcelona o en cualquier lugar donde la concentración de Épica sea elevada.

Mariana
País: Argentina
Otra de las componentes de las Chicas Guerreras se ha ganado a pulso su lugar en solitario en este rincón. A veces uno se pregunta que ha hecho bien en la vida para que le pasen cosas como Mariana Puig. Cuando Mariana canta (enchufen auriculares y pinchen aquí) se te pone la piel de gallina y notas que estás presenciando algo grande. Sino que se lo pregunten al Luna Park, aquel día en que a 7000 personas les dolían las manos de tanto aplaudir. Aunque el apellido sea catalán, hay que leerlo así como «Puij«. Y lo explico para que recordeis este nombre: Mariana Puig. Dentro de poco la podreis ver en los mejores escenarios, entre ellos, uno en Barcelona que le tengo prometido. Y si por esto fuera poco, encima nos paseó por los mejores locales de la noche bonaerensees: desde discotecas hasta comisarías.




